viernes, 10 de mayo de 2013

Osvaldo Pugliese: Un Maestro en la escuela


Osvaldo Pugliese:
Un Maestro en la escuela



“Defensor de sus compañeros músicos,
creador del primer sindicato de músicos,
supo de luchas pero el despertar de la Guerra Civil Española
 lo transformó en un luchador inclaudicable
por la verdad y un mundo mejor”.
                                                          Lydia E. de Pugliese


Sabemos que  los hombres y mujeres de la cultura  que fueron  perseguidos por razones políticas o por pensar distinto al gobierno de turno, conformaron un gran número, hasta el advenimiento de la democracia en 1983.
Como Gabino Ezeiza, a quien los intolerantes quemaron su circo por ser leal al radicalismo de Hipólito Yrigoyen, o como al peronista Hugo del Carril, y otros, Don Osvaldo Pugliese (1905-1995) fue encarcelado -más de 10 veces- o perseguido por todos y cada uno los gobiernos (constitucionales o militares). Aquella intolerancia  golpeaba a Pugliese, por estar afiliado al Partido Comunista desde 1936 y continuó -sobre todo- por no abandonar sus ideales, lo que trajo aparejado consecutivos encarcelamientos, censuras y prohibiciones hasta el año 1983.



Niñez en Villa Crespo
                              
 “Yo no me quejo, tuve una infancia
muy de potrillo, llena de vida”
Osvaldo Pugliese

De niño lo llamaban “Chicharrita”  y lo podríamos  imaginar  con su trompo, pateando la pelota en algún potrero o  junto a sus amigos pescando mojarritas en el arroyo Maldonado, (1) o trepado a los árboles. Y, como evocaría años después:

                “Recuerdo que nosotros, los pibes, teníamos un medio de dialogar. No dialogábamos sentados en el pasto, ni en los bancos, sino subidos a los árboles. Y encima de los árboles armábamos el escándalo de año: jugábamos, gritábamos ¡Qué sé yo! Y por eso me pusieron Chicharra”.

Y hablando de su niñez  nos regalará  otra vivencia:
                                                                                             
“Yo recuerdo que a veces la vieja le reprochaba (a mi padre):- “Mira, decile algo a tu hijo, ¿no ves que viene todo embarrado, con las zapatillas rotas?”.Mi padre, sin embargo, nos daba amplia libertad. Yo pienso ahora que posiblemente esa amplia libertad que me dio el viejo haya sido uno de los factores que me despertó el cariño por la música popular, por el tango, por la canción campestre”.



Osvaldo comenzó la escuela a los 6 años hasta terminar el 4to grado. A los 9 años vendía diarios en Dorrego y Triunvirato, luego trabajó en una imprenta, una peluquería y una joyería: “Yo siempre me la rebusqué para ganarme el garbanzo”, diría.

La música era su compañera en los ratos libres que le quedaban. Aparecía entre las cuerdas  que  “rascaba” del violín que le había regalado su tío Alejandro, hasta que una tarde,  cuando regresaba  de su trabajo de aprendiz en la imprenta, lo esperaba en su casa un piano. Era un obsequio de su papá y el inicio de los estudios de música, esos que jamás abandonaría.

Ambos padres eran  argentinos y  sus abuelos inmigrantes italianos:

“Mi vieja – cuenta Don Osvaldo- se llamaba Aurelia Terragno y mi viejo Adolfo Pugliese (…) Nosotros, los cuatro varones de la casa fuimos todos músicos: Mi papá, la flauta, mi hermano mayor, Vicente Salvador, violín; y Alberto, el segundo, también  violín, y yo también que lo tocaba de oído primero el violín y después me enchufaron el piano”.

 

Refiriéndose al contexto de su infancia, se ha escrito que “se da en un marco de ostensible diferencia entre ricos muy ricos y pobres muy pobres, en una ciudad que contaba con edificios fastuosos, con subterráneos y esto seguramente será lo que verá el niño Osvaldo Pugliese, esta desigualdad social que se acrecienta con la guerra y que lo llevará a tomar “un postura ética”, lo llevará a tomar un compromiso político (…) mientras la Argentina era la sexta reserva de oro  del mundo en el año 1914, ese mismo año, la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, tenía que habilitar ollas populares para que la gente, previa inscripción en un registro, casi en un infame registro, recibiera su plato de sopa caliente o de puchero…” (2)

 

A fines de 1918, se produce un grave conflicto en los talleres metalúrgicos Vasena, del barrio de  Nueva Pompeya lo que daría origen a “La Semana Trágica”. La empresa en crisis resuelve la situación bajando los sueldos de los trabajadores quienes se declaran en huelga. El 4 de enero de 1919 hay una represión donde resulta muerto un oficial de policía. La represalia no se hizo esperar pues el 7 de enero son cuatro los obreros muertos y más de 30 heridos algunos de los cuales resultaron muertos con el transcurrir del tiempo. La “Liga Patriótica”, presidida por Manuel Carlés, actúa junto a la policía como grupo parapolicial y va a generar fuertes enfrentamientos que dieron como resultado alrededor de 750 muertos y 4000 heridos. Para la “Liga patriótica”, las huelgas eran producto de los subversivos dirigidos por comunistas judíos, por ello fueron a los barrios donde se hallaba asentada la colectividad judía como el barrio de Villa Crespo, donde Osvaldo Pugliese fue testigo con sus 12 años de edad.


“Un trabajador de la música”


Don Osvaldo Pugliese decía de sí mismo que era “un trabajador de la música”. Claro que lo era -y de los más grandes que tuvimos-  pero Pugliese fue también un comprometido social que supo defender el derecho al trabajo: el suyo, el de los miembros de su amada orquesta y solidario con todos los trabajadores.

Oscar del Priore refiere a Pugliese y comenta: “las exigencias patronales eran entonces abusivas. En el cabaret Royal Pigall (en el año 1929) se les daba de comer a los músicos pero se llegó a esto para que ellos no salieran y se quedaran toda la noche, incluso hasta horas muy avanzadas. La limitación horaria fue una de las conquistas que años después logró el Sindicato de Músicos con las participación decidida de Osvaldo”. A partir del golpe de 1930 -encabezado por Félix Uriburu- todo se agravaría para la mayoría de los argentinos y nuestros músicos no serian la excepción. 




“Todos tenemos la misma oportunidad”

Con  los miembros de su orquesta, formada en 1939,  Don Osvaldo compartía todo y jamás les impuso idea política alguna, respetando a rajatabla la libertad de pensamiento. Oscar del Priore cita a Pugliese“…Todos participamos y todos ponemos nuestro grano de arena, tanto sea en el arreglo, tanto sea en la interpretación, en fin, en todo lo concerniente a preparar una obra. Muchas veces una obra sale por sí misma de un solo arreglador, pero en mayor porcentaje siempre es fruto de la colaboración. Ese aspecto colectivo tiene mucha importancia en el desarrollo futuro de una orquesta. En esta orquesta, todo el mundo opina y siempre son aceptadas colectivamente las opiniones que consideramos positivas. Este es un método de trabajo que mantenemos porque para nosotros resulta una cosa muy concreta desde el punto de vista de la realización. Internamente, todos tenemos la misma oportunidad, todos, desde arriba hacia abajo, desde el que tiene la responsabilidad de la orquesta, hasta el último compañero que ha llegado, tanto sea en la discusión sobre los temas de interpretación, y demás, como también en la concurrencia de sus obras dentro del repertorio.”


De acuerdo con los principios de Pugliese, escribe Arturo Marcos Lozza: “los integrantes son partes de una cooperativa: el dinero que se recibe por las actuaciones se divide en porcentuales equitativos, que van de acuerdo con la responsabilidad de cada uno.” Y más adelante agrega: “El maestro Osvaldo Pugliese cuida a su orquesta como a una hija mimada. Lucha para no dejarla sin sustento, sin “laburo”. En los años más duros de la represión, cuando los gobiernos lo censuraban, no lo dejaban ingresar a los estudios de la televisión y le impedían el acceso a los clubs y a la radio, él iba a pelear hasta a los mismos despachos oficiales. El trabajo para sus muchachos era como algo sagrado”. 

Y tenía que pelear cada actuación:
                                                               “Y tengo mil anécdotas - dice Osvaldo-  Una vez en el Club Buenos Aires, de Gaona y San Martín, llegó la policía y tuvimos que salir rajando saltando por la ventanita del baño de atrás. Pero en fin, la solidaridad, el fervor de la gente, la flor roja -una rosa o un clavel- no faltaban nunca en el piano cuando yo estaba preso o perseguido.”

Pugliese cuenta en una jugosa anécdota que   en una ocasión debían actuar en radio Splendid para luego debutar en “La Armonía”, de Corrientes y Paraná. Cuando terminaron de tocar en la radio, los siguió una montón de gente.

“-¡Dios me libre!-, tanta gente era absolutamente inusual. Llegamos a “La Armonía” y también allí había un gentío enorme. Había gente adentro y gente afuera: cortaron el tráfico. Y al entrar me encuentro en el mostrador con una hilera de inspectores municipales. Se me acercó uno de los dueños y me advirtió:
             -Vea don Osvaldo, me parece que no va a poder actuar, están los inspectores y quieren detener el espectáculo.

Yo ya me imaginaba que algo iban a hacer para impedir mi laburo. Pero a mi lado tenía a esa multitud. Me presenté  ante esos diez o doce inspectores que estaban chupando y les dije:

            - Cualquier amague que hagan para impedir que la orquesta toque, yo voy al micrófono e invito cordialmente a que los echen y los casquen. ¡Ténganlo presente!”

Los inspectores no tuvieron otra alternativa que retirarse: “Para mí aquella actuación, era un agradecimiento que yo debía dar a esa gente, no podía  fallarle”.



“Gracias por saber perdonar”

En  el primer y segundo gobierno de Perón (1946-1955), también padeció parte de la  persecución, sin embargo, Pugliese cuenta que eran los mismos peronistas (trabajadores seguidores de su orquesta) quienes silbaban a la policía  porque “que no la iban con eso de impedirnos el laburo”. Otras veces debía concurrir a la Casa Rosada para poder trabajar. Por otra parte la orquesta  de Pugliese “fue justo en esa época de mayor consumo popular, de mayor estabilidad en los ingresos, no porque no hubiera inflación, sino porque de alguna manera eran dos o tres veces lo que se podía necesitar para vivir, entonces había para la diversión y había para los clubes de barrio y la orquesta de él era exactamente para eso…(…) en aquel tiempo valía la pena entregarse a trabajar en una orquesta, valía la pena dejar de hacer toda otra cosa, fundamentalmente porque  había trabajo, porque había retribución, pero además había una satisfacción artística, ser compositor, trabajar todos los días, tener la retribución que corresponde al entusiasmo que se pone y cuando el artista tiene verdaderamente esas condiciones, encuentra el caldo de cultivo para desarrollarse” (3)


El gobierno militar del 1955 lo puso preso nuevamente en un barco llamado “Paris”, cumpliendo la llamada “Operación Cardenal” llevada a cabo en 1956. Cuenta Pugliese que “en el barco “Paris”, había un piano luego de los momentos especiales empecé a deleitarme tocando en las tardecitas a los muchachos encanados. Y un día nos enteramos que la intención criminal del gobierno era hundir al barco. Al menos, así nos llegó la versión a los presos. En aquel momento no toqué tangos toqué el himno nacional. Al poco tiempo salimos en libertad (…) Sin embargo esta aventura no terminó ahí en lo que a mí respecta, porque muchos años después, fuimos con la orquesta a tocar a Punta Alta y, cuando me dirigía al escenario, me encuentro con un muchacho que me estaba aguardando, me abrazo y me dijo:
-“¿No se acuerda de mi?”.
-Yo ¡Que me voy a acordar!”
El estaba llorando y comenzó a indicarme: “Yo era uno de esos marineritos, maestro, que lo apuntaban con la metralleta en el barco “Paris”, a nosotros nos habían dicho que ustedes se habían amotinado, que querían derrocar al gobierno. Yo le vengo a pedir disculpas, maestro”. Y yo lo perdoné… ¿qué iba a hacerle?”.

En 1973,  con el regreso del peronismo al gobierno, se realizaron los festejos populares en la Plaza de la República, junto al Obelisco. Para sorpresa de Pugliese fue invitado con su orquesta a tocar. Don Osvaldo dudó en un principio ya que él había sido víctima de persecuciones en los anteriores gobiernos de Perón.  Sin embargo decidió  participar porque entendió que la fiesta era de auténtico regocijo para nuestro pueblo. Luego, el presidente Perón, invitó a todos los artistas que habían actuado. Cuenta Pugliese: “Fui, la recepción se hacía en la residencia presidencial de Olivos. Perón me saludó efusivamente. Ni López Rega ni Isabelita, que estaban a mi lado, me dirigieron la palabra. En cambio, en el momento del saludo, Perón me dijo: “Gracias por saber perdonar”. Y quiero resaltar que mientras el general Perón estuvo vivo, no volví a tener impedimentos”.

 Dos años antes de su muerte decía  Pugliese: “Siempre dije que meter presa a una persona por diferencias ideológicas es la estupidez más grande que se puede cometer. Primero porque es increíble  que a un hombre se lo prive de su libertad por el simple hecho de pensar de otra manera. Y segundo, porque las ideas son lo más valioso que tiene un ser humano y no se pueden frenar ni cambiar por poner a ese ser humano detrás de las rejas, ni expulsándolo del país, ni torturándolo o mandándolo a la isla Martín García.”



Así como su música y sus arreglos orquestales le dieron un lugar en la historia del tango, también su culto a la palabra brindada, su alta disposición a la entrega y su integridad le otorgaron un prestigio que trascendió los escenarios de nuestra música popular “…lo fundamental -diría Pugliese- son las condiciones donde se desenvuelve el profesional, su vida personal, social, artística. Y esas condiciones mejores tendrán que darse cuando conquistemos un gobierno verdaderamente democrático y popular. Porque económicamente el hombre de trabajo estará en mejores condiciones para vivir y para crear. En general, no puede crear un músico que se muere de hambre o que anda con su violín bajo el brazo de un lado a otro para ganarse unos mangos. Son entonces las condiciones sociales y económicas las que van a abrir las puertas de la creación y del surgimiento de nuevas formas, de formas que expresen sentimientos más humanos...”

No,  pará, ¡esperate un cacho!

Cierta vez, a comienzos del  período democrático iniciado 1983, don Osvaldo se encontró con un viejito que se quejaba de su pobre jubilación. Pugliese le dijo que su problema no lo iba a solucionar llorando, sino trabajando y luchando contra “los que nos roban, contra los sinvergüenzas y los que nos han entregado”. El jubilado no interpretó bien al maestro Pugliese y le dijo: “Si don Osvaldo, aquí se necesita un gobierno fuerte”. Pugliese con gran experiencia en gobiernos “fuertes”,  le respondió: “No,  pará,  esperate un cacho, ¿qué gobierno fuerte?, aquí necesitamos un gobierno democrático. A esta democracia hay que defenderla hasta la muerte para seguir avanzando hacia una democracia más amplia, con un régimen económico a favor del pueblo.”

 “Chicharrita”, era el niño de Villa Crespo que con sus chistidos avisaba desde la copa de un árbol a sus amigos que era el momento del diálogo.
Don Osvaldo Pugliese fue un extraordinario músico y un ciudadano  que hizo su aportación voluntaria ante las exigencias éticas del tiempo que le tocó vivir y dio respuesta  a la realidad de su época, tomando decisiones y acciones para una vida más justa y más digna, pensando en  los más débiles y sintiéndose unido a sus semejantes por medio de la cooperación y la solidaridad, aún a costa de su libertad.
Este Maestro -como  tantos otros- nos es necesario en las aulas argentinas, como ejemplo -para las futuras generaciones, de valores tan caros a nuestra identidad como la defensa a la cultura del trabajo, el pluralismo ideológico, la honestidad y la participación social. Lo que se dice: un actor social de su época.


   Graciela Pesce                                                               Daniel Yarmolinski
                                                                                                       
                                                                           



Ref:
(1) Hoy la Av.Juan B. Justo, donde viborea el metrobús.
(2) N.Etchegaray, A.Molinari, R.Martinez, Don Osvaldo (tango para piano y sociedad).Foro Argentino de Cultura Urbana (2005)
(3) (2) N.Etchegaray, A.Molinari, R.Martinez, Don Osvaldo (tango para piano y sociedad).Foro Argentino de Cultura Urbana (2005) pág 64 y 82



Bibliografía Consultada
Lozza, Arturo Marcos, “Osvaldo Pugliese al Colón”. Edit Cartago, 1985
Oliveri, Marcelo Héctor, “Osvaldo Pugliese (¿Idolo de los quemados?)” Academia Porteña del Lunfardo, Bs As, 2005.
N.Etchegaray, A.Molinari, R.Martinez, Don Osvaldo (tango para piano y sociedad).Foro Argentino de Cultura Urbana (2005)
del Priore, Oscar,  “Osvaldo Pugliese – Una vida en el Tango” Edit. Losada 2008. Bs As.

lunes, 21 de junio de 2010

El Tango en la Escuela (Fundamentos para una Ley)

Solo parte de estos fundamentos fueron incluidos en el Proyecto de Ley "La Danza de Tango en la Escuela" llevado a la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por la Diputada María José Lubertino.
Publicamos aqui la totalidad de nuestro escrito que se refiere a la necesidad de la enseñanza del Tango integralmente.
Graciela Pesce                             Daniel Yarmolinski
FUNDAMENTOS


El Tango integra el patrimonio cultural argentino, que nos identifica en el mundo y que impregna nuestra manera de ser, en tanto producido y productor de realidad social. Actor y testigo de la ola inmigratoria de 1880, el tango -discriminado en su tierra, tanto por sus orígenes marginales como por ser danza de pareja abrazada- acompañó todos los fenómenos sociales de los que fue partícipe desde su nacimiento a nuestros días. Ciento treinta años registrando hechos y habilitando palabras de origen popular e instalando otras voces nuevas, compenetradas con las realidades de cada época.

Sin embargo cuando se brinda tango en la escuela, solo desde la música o desde la danza, puede pasar inadvertida la oportunidad de ejercitar más y mejor el pensamiento crítico, trabajado a través de las Ciencias Sociales, Lengua, Plástica, Teatro, etc.con proyección hacia lo constructivo, creativo e innovador..

Siempre nuestro Tango tuvo un movimiento centrípeto, todo lo fue atrayendo hacia sí y todo lo que dio porte a su identidad lo fue incorporando y enriqueciendo con otras experiencias. En los orígenes tenía el tango sólo un puñado de adquisiciones coreográficas, cortes y quebradas inspiradas en los negros, creadas por los compadritos, que éstos agregaban a sus bailes habituales como la polca, la mazurca y la habanera. En los comienzos los músicos adaptaron a la coreografía del compadrito al repertorio conocido y luego improvisaron composiciones nuevas que llamaron tangos criollos.

Luego el Tango incorporaría las letras, en principio, con estructura cupletista como en el Tango: “La morocha” (Villodo y Saborido). Este tango, nacido en l905, conquistó a la sociedad toda y muy especialmente a la familia porteña. Su letra resalta las virtudes como la nobleza, la fidelidad, la lealtad que a su vez se asocian al gaucho, al paisaje campero, a la patria amada. Cuenta el poeta Nicolás Olivari que para muchos niños, este tango representó su primera canción de cuna y también la primer palabra que en nuestra lengua pudieron escuchar de sus madres inmigrantes, siendo un tango embajador junto al “El choclo” y “El irresistible” entre otros. Pero “La morocha” nos muestra al Tango, también, como un sendero para la socialización en los principios del siglo XX.
En aquellos primeros años del siglo pasado, el tango andaba haciendo camino con guitarra, violín y flauta, siendo hasta el momento un género alegre y juguetón. Más tarde con Pascual Contursi las letras comienzan a expresar el abandono y la tristeza.

Las urgencias, nacidas de la realidad social, hicieron que el Tango busque un instrumento profundo y grave que represente la melancolía del inmigrante, del gaucho y de los provincianos que residían en esta ciudad. Hasta que, como dijera Sebastián Tallón “... irrumpieron un día gimiendo de puro humanos... los bandoneones”. Este período nos presenta un género sentimental y melancólico, como tiempo más tarde el Tango expresará el estrés de la vida moderna.

Y en este siglo XXI, el Tango en plena evolución, dejó de ser machista y adulto y tanto puede ser electrónico, como brindarse a los más chicos de la población, reconociéndoles otro lugar, escuchando sus reclamos y denunciando sus urgencias.
Sobre esto último, entiende el historiador y académico Roberto Selles, que los “tangos para chicos inauguran un estilo inédito en el género” y son “un trabajo para los adultos del mañana”. A partir del año 2008, sancionada la Ley de Educación de la Provincia de Buenos Aires, queda allí expresamente la recomendación de los Tangos para chicos para ofrecer el tango en las escuelas.

Toda esta diversidad es parte del Tango hoy y está dispuesto al docente como una herramienta cultural porque el Tango-Patrimonio contiene diversas manifestaciones y testimonios insustituibles que representan el desarrollo de nuestra ciudad. Por ello ofrecer el Tango integralmente en una materia extracurricular será una nueva oportunidad para reconocer valores explícitos e implícitos, tanto de nuestro pasado como de nuestra cotidianidad, preservando así la memoria e involucrando al alumnado en el sentir y en el pensar de nuestros valores y costumbres colectivas. En este sentido el Tango en el aula, será como una brújula con sonido propio, un artefacto cultural que señale el orden, el tiempo y el espacio oponiéndose siempre y con fuerza de bandoneón a todo derrotero del desorden que también es olvido y pérdida del sentido de pertenencia.
Como producto cultural, el Tango es un actor viviente que cambia, evoluciona y testimonia. Por ello debe ser ofrecido también como oportunidad a la creación, para generar respuestas a los problemas presentados, a la criticidad para comprender las propias condiciones de vida y como desafío de la acción personal y al compromiso para desarrollar una voluntad transformadora.
Esta expresión artística genuina, motor convocante de estímulos para nuestro pensamiento, debe ser ofrecido de manera integral y en sus más variadas formas de aprovechamiento.

Hay una deuda, un pendiente emocional para con varias generaciones de hombres y mujeres por un Tango alejado del universo de la infancia y de los jóvenes que estuvieron fuera del registro de una música que, por nacimiento y permanencia debía representarlos. El Tango no estuvo en la oferta identitaria de la niñez, pero creemos que brindarlo integralmente puede ser un comienzo, una nueva oportunidad que nos brindamos los ciudadanos en este siglo XXI, de integrar e incluir a los chicos –decimos- a todos los chicos y no tan chicos que habitan esta Ciudad. El Tango en Jardines y Escuelas será un acto de estricta justicia cultural.

Antecedentes
----Constitución Nacional art. 75, inc. 22
----Ley 26.206 de Educación Nacional
----Ley Nacional 24684 (Tango Patrimonio Cultural de la Nación)
----Ley 130 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
--- Pre Diseño Curricular para la Educación General Básica (1999)

jueves, 20 de marzo de 2008

Del Parque Rivadavia a Tetuán


..................................................................................... A los libreros del Parque Rivadavia
El Parque Rivadavia es para algunos un paisaje natural, o mejor dicho, una auténtica reserva ecológica donde serpentean ríos de bateas llenas de libros que, como peces, se ofrecen en distintos tipos, colores y tamaños... y para todos los gustos y edades. Algunos de estos libros disimulan su vejez, con un celofán que los envuelve delicadamente.
"¡Los libros no muerden!" Decían nuestras abuelas y tenían razón. Son mansos y se dejan tomar. Los libreros y libreras del Parque Rivadavia - y en general todos los libreros del mundo- son una fauna ciudadana a la que debe cuidarse y mucho, porque son los celosos custodios de esta cultura envasada en hojas.

Lo cierto es que Daniel y su hijo -visitantes asiduos de este parque- apuraron aquel mediodía dominguero para aprovechar la tarde. Después de unos toques a la pelota, pasaron por la calesita, que siempre da la bienvenida a los que recién llegan por la calle Rosario.
Sonaba a buen volumen el tango “Maxiquiosco”...

- ¡Qué lástima!, ya no tengo ni la excusa de sostenerte en el caballito para poder subirme a dar una vuelta - dijo Daniel
Nacho sonrió plácidamente y le guiñó un ojo al padre.
Pero lo que acababa de hacer Nacho, no era un simple gesto de consentimiento, era más que un mimo y un “Sí, Papá”, era nada menos que un código, parte del secreto lenguaje que habían construido en años de convivencia y a fuerza de cataratas de diálogo.

Después de caminar y hurgar en varios puestos de libros se tomaron un descanso en la única mesa desocupada por los amantes del ajedrez.
Sentados frente a frente Nacho dijo:
- Ché pa´, después ayudáme a encontrar algo “groso”...
Daniel, siguiendo con su mirada el ambular de dos hormigas sobre la superficie del tablero, le dijo,:
-Claro, -y agregó- de repente me acordé de un paseo verdaderamente increíble…querés que te cuente?
Una vez Discépolo, paseando por una feria muy lejana -a muchos miles kilómetros de aquí-, en medio de perfumes y olores raros, exóticos, entre voces que no comprendía, se llevó una increíble e inolvidable sorpresa.

-¿Quién se llevó una sorpresa?-
-
Enrique Santos Discépolo, compositor de tangos imborrables, además de ser actor y autor teatral. Fue un poeta que reflejó la realidad de su tiempo¡ como nadie!.
-¿Y cuál fue la sorpresa?
-Discépolo por razones de trabajo estaba de gira. Viajó con su esposa Tania. Ella había sido una artista española que cantaba canciones de su tierra natal, muy querida por todos, pero que con el tiempo se dedico a cantar tangos junto a su gran amor Enrique. Visitaron Madrid, Barcelona y otras ciudades españolas y les fue muy bien. Después pasaron por París.
-¡Bulebú! ...¡Francia!
- ¡Sí, y luego Portugal!. Con semejante gira se tomaron un descanso y decidieron cruzar al continente africano.
- Qué vueltita, viejo ¿no?
-Si... y merecidísima porque habían trabajado muy duro. Llegaron a Tetuán, ciudad de Marruecos.
y continuó...
- Discépolo, en un momento dado paseaba solo por un zoco, decidido a comprar unas auténticas babuchas que quería como recuerdo.
-¿A un zoco?- interrumpió Nacho -¿y qué es eso?.
- Un zoco es un mercado de compras donde podes encontrar de todo “bueno, bonito y barato”: artesanías, tapices, alfombras, babuchas... y el regateo está a la orden del día.
- El rega ¿qué?
- El regateo –Nacho- es una discusión entre el comprador y el vendedor sobre el precio de la mercadería.
-¿Como cuando se compra un libro acá en el Parque Rivadavia?
-Acá -dijo el padre sonriendo, con una mueca sugerente, mientras sus ojos brillaban intrigantes y su voz se hacia mas grave:
“A los libreros del Parque Rivadavia,... se los puede ver mutar... pero ¡No como vulgares hombres lobos! ¡Nooo, hijo mío! Ellos pasan de ser sabios consejeros con calma milenaria a tenaces regateadores, propios de un zoco marroquí en segundos y todo, ante la mirada absorta del visitante novato...”
Ambos se rieron con ganas...
-Ahora hablando en serio, Nacho, el regateo en Marruecos es más que un simple intercambio económico, es un paso obligatorio: el precio se debe discutir para que pueda realizarse la venta, es una vieja costumbre que en esas tierras se respeta.


- Entiendo pá... y las babuchas ¿qué son?
- Son el calzado típico de la región. Y justamente, entre medio de gritos y discusiones propias del zoco, mientras un babuchero le ofrecía el más hermoso de sus calzados y se disponía a discutir el precio, algo desorientó a Enrique, porque entre el bullicio de la muchedumbre y los ruidos de la feria una música llegaba a sus oídos que hacía todo más familiar en aquella ciudad lejana.

- ¿Pero qué escuchó?
- Desde un viejo gramófono sonaba “Yira-Yira” - un tango de él, un tangazo- pero eso no era todo, el comerciante - un judío sefardí- lo canturreaba un poco en castellano y otro poco en hebreo... su tango en medio de la caricia del sol africano, entre manantiales siempre cercanos, entre mujeres con velos y hombres de turbantes. En definitiva, era nuestro tango, que se escuchaba - un día de 1935- en la llamada ciudad de todos los misterios...
-¡Eso si que fue “groso” viejo!.
- ¡Ya lo creo!....

Repentinamente, una ráfaga de viento cálido, lanzó del tablero a las dos hormigas empeñadas en llevarse grandes trozos de hojas de fresno, que prosiguieron su camino entre baldosones rotos, como quien pasa de una dimensión a otra sin cuestionamiento alguno.

-Vamos Nacho- dijo el padre y le acarició la cabeza.

Se volvieron por el otro río de libros, en dirección hacia la Avenida Rivadavia.
Cada uno fue inclinándose sobre las bateas preferidas. Tecleando sobre los lomos, leyendo títulos y autores, apreciando ilustraciones y fotos de todos los tiempos.
Un rato después, en el puesto “Fuenteovejuna” de Juan Carlos ambos se encontraron a la hora acordada. Cada uno poseía una bolsita con dos libros. Daniel, estaba contento por haber conseguido la “Historia de la Milonga” de Roberto Selles. El otro libro era de Sergio Pujol y mostraba en su tapa un elegante rostro de Discépolo. Lo abrió en la página doscientos cincuenta y cuatro; la misma página que un año antes había leído por primera vez, en una biblioteca de su barrio.

-Mirá lo que sintió en aquel zoco, a miles de kilómetros de su amada patria.

Nacho leyó en voz alta las palabras de Discépolo:

“...di por bien empleados los desvelos
que me habían costado mis tangos.
Todos eran pocos para pagar aquel momento...”


Y se fueron caminando unas cuadras...

-¿Te quedaron monedas para el bondi?.¡ Sacá el boleto vos! dijo Daniel
- Si viejo y ojalá nos podamos sentar..., así te muestro los libros que
conseguí, ¡ bah!...que me recomendó...
-Si ya sé, ya sé, no me lo digas -dijo Daniel-“Un sabio consejero con calma milenaria...”

Y el eco de las carcajadas pareció llegar hasta aquel zoco de Tetuán en una ráfaga de viento cálido que había pasado por el Parque Rivadavia.


Daniel Yarmolinski - Graciela Pesce
Dibujo: Pablo Ferreyra
http://www.tangoparachicos.blogspot.com/
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martes, 19 de febrero de 2008

Gardel y un abrazo para el alma

Abuelo y nieto salieron a pasear. Ambos tenían unas ganas grandes de caminar y conversar. Se debían una salida. Y cumplieron.
Aquella tarde de otoño y sol, abrazados como era su costumbre, llegaron por la calle Corrientes hasta la estación del subte B Leandro N. Alem...

- Esteban ¿sabías que cuando estaban construyendo esta estación de subte encontraron restos fósiles de mastodontes, aquí en plena Corrientes?...
- Fáaaa, ¡mastodontes! Abuelo. ¿Ésos que eran parecidos a los elefantes, con pelos largos y cuernos más largos?
-Sí - dijo el abuelo subiendo el cierre de su campera.


Caminaban serenos cuando una ráfaga de viento invitó a un abrazo más estrecho.

- ¿Y como fue eso que tu viejo te contó del año 1929? Y te digo que me acuerdo del año por “los ñoquis del 29”, abuelo – aclaró Esteban con un guiño cómplice.

-
¡Ah sí! Te cuento: En aquel año era presidente Hipólito Yrigoyen. Los diarios hablaban de los primeros colectivos. Los barrios crecían y se multiplicaban caprichosamente en Buenos Aires. Entonces el tango hacía furor. Y había una casa comercial - la Max Glücksmann- que era todo un símbolo de la industria fonográfica y del cine en nuestro país.
-¿Max cuánto abuelo?
-Max Glücksmann, así se llamaba el dueño, que a principios del siglo XX comenzó haciendo “delivery” de cilindros de fonógrafos a bordo de un triciclo de repartos. Transcurrió el tiempo y su empresa -que contaba con varias sucursales en el interior y en Sudamérica- entonces organizaba concursos de tangos nuevos. Los premios que ofrecía la Casa Max Glücksmann eran excelentes y por eso en aquel sexto certamen se presentaron cuatro mil obras que vibraban y prometían resonar en las manos del jurado, como ahora hacen los celulares, je, je... que los tenés que atender o...
- Entendí abuelo...
-¿Y sabés quien era parte integrante de ese jurado? El ya entonces célebre y amado Carlitos Gardel.
-¿Mucha plata en juego, abuelo?
preguntó Esteban
- Si, pero también había prestigio y honra en juego; por eso intervenían músicos y letristas de renombre. Mirá, después de las preselecciones -continuó el abuelo- si mal no recuerdo, quedaron cuatro tangos para un final emocionante: “El barbijo”, “Misa de Once”, “Prisionero” y “Margaritas”.

Hizo una pausa y continuó:

-
El procedimiento para saber quién ganaba el concurso me parece interesante rescatar: El propio Carlitos Gardel debía grabar los temas en discos de pasta exclusivamente para el jurado. Fijate que eso, solamente, pasaba a ser un premio para llevar por siempre en el alma... Bueno, lo cierto es que al final, una tardecita de enero, el jurado, después de escuchar los discos le otorgó el Gran Premio de Honor al tango “Margaritas”. Ahora faltaba notificar al autor y al compositor.

El frío arreciaba y ambos –abuelo y nieto- apuraron el paso graciosamente sincronizado hasta que se detuvieron bruscamente en un bar, “el mejor del mundo”, pensaron cuando sus ojos divisaron unas medialunotas brillantes y... -¡A tomar la leche!. Dijeron a dúo.

Después de observar el ritual del mozo sirviendo en cada taza, Esteban comenzó a juguetear con el paquetito de azúcar y antes de verterlo en el humeante café con leche, preguntó:

- ¿
Y como siguió la historia abuelo?
- Bueno, se puso interesante la historia porque Gardel conocía al letrista del tango ganador: Gabino Coria Peñaloza ( poeta cuyano, descendiente del caudillo Vicente “Chacho” Peñaloza) pero, del autor de la música sólo sabía el apellido: Moreno González. Gardel -creador de pura cepa- tenía curiosidad por conocer a ese otro creador, destacado entre miles de participantes y quiso darle la gran noticia en persona. Así lo hizo...
¿Podés imaginar -hoy-, a una afamadísima estrella del espectáculo, a un indiscutido creador en el arte de nuestro pueblo llevando -casi anónimamente- semejante noticia de forma personal? preguntó el abuelo.


- Sí abuelo, con movileros de radio y TV. en directo...

Tras un breve silencio, no sin antes comer el más rico pedacito de medialuna, el último, prosiguió:

-Cuando Carlitos Gardel llegó hasta la casa de Moreno González, tocó el timbre y salió un chico con muletas, de no más de quince años. Gardel le pidió hablar con su papá, a lo que el muchacho respondió:

-
Mi padre está en el Brasil; es el embajador del Paraguay en Río. Si usted quiere dejar algo dicho, yo puedo escribirle.

Mientras el jovencito hablaba, Gardel se conmovió al ver que le faltaban las piernas.

-Quiero que le digas que su canción “Margaritas”, obtuvo el gran Premio de Honor.

-¿Y qué hizo el pibe cuando lo vio?
-Se quedó petrificado. Porque por un lado él conocía esa cara, le era familiar, la había visto una y mil veces en fotos de revistas, sin darse cuenta que era el mismísimo Carlitos Gardel, el morocho del abasto. Así que confundido, contestó un poco balbulceante:

-Mi padre no hace canciones, es diplomático y es historiador.
-Pero entonces
–preguntó Gardel algo ansioso
-¿Quién hace tangos en esta casa?.

Juan Carlos, con voz temblorosa, le dijo:

-Yo señor soy el que hizo la música de “Margaritas”.

Por unos instantes Gardel pareció enmudecer. Una tropilla de potros criollos habitó su corazón y cuando pudo volver a recomponerse, le encajó un abrazo tan pleno y lleno de magia -que en el tiempo que duró- ambos se reconocieron y supieron del otro. Juan Carlos, supo quién era el de las fotografías que habían desbordado su cabeza unos segundos antes y Gardel, por su parte, supo -allí mismo- del tren que había dejado sin piernas a Juan Carlos Moreno González, creador, nacido en el Paraguay, que solo contaba con quince años.

El tango “Margaritas” recibió de premio mil quinientos pesos en efectivo. Fue un éxito y tuvo varias versiones, y toda vez que el zorzal criollo lo interpretaba, de sus ojos negros brotaba un lagrimón como evocando ese gran abrazo entre creadores y aquella sorpresa fuerte que les había dado la vida.

Cuando salieron del bar hacia la calle Florida, la peatonal, Esteban comentó:


-¡Cuántos turistas! Parece que estuviéramos en otro país, sino fuera por el tango que se escucha.
-¿Y la historia “del 29” te pareció de otro país?
-¿Que decís abuelo con tanto tango?
-Como toda la historia del tango, esta historia que te conté también fue protagonizada por inmigrantes: Max Glücksmann, era austríaco y Juan Carlos Moreno González, paraguayo ...
¿Y Gardel?
Apuró Esteban.
-Bueno,... ¿Gardel? ¡Gardel es un argentino nacido en Toulouse!.

El abuelo guiñó un ojo al cielo que lucía celeste y blanco, abrazó más fuerte a Esteban y juntos, muy juntos rumbearon para casa.


Daniel Yarmolinski - Graciela Pesce


Dibujo: Pablo Ferreyra
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martes, 29 de enero de 2008

El Organito

Una vez con mis abuelos fuimos a visitar la increíble ciudad de Luján. Era un domingo soleado. La plaza infinita, repleta de gente y su hermosa basílica formaban el zócalo de ese cielo tan argentino y tan lleno de esperanzas.
Todo era una fiesta para mis ojos.
Pronto a mis oídos llegó una melodía dulzona, pequeñita como una lombriz de tierra haciendo galerías entre el murmullo y los ruidos de la plaza.
Aquel sonido tan familiar dibujó la sonrisa de mis abuelos.

-¡El organito!-, exclamaron juntos.

Parado a unos cuantos metros, un hombre con pintoresco traje festoneado como para ir a un bailongo, hacía girar ese singular instrumento musical.
Finalizado el paseo y de regreso al barrio, en pleno traqueteo del tren, conversábamos:

-Esos aparatos venidos de Europa nos ponían al tanto de las novedades musicales -dijo mi abuela y continuó:

-¿Te acordás Luis de sus adornos con filetes y los organitos más grandes de colores brillantes, celestes o rosas que iban montados sobre ruedas o chatas y hasta algunos tirados por caballos...
-Era común verlos en los almacenes, los bares y pulperías- apuntó el abuelo.
-¡Y también en las calesitas!- interrumpió la abuela con su mirada cómplice.


Mientras, en el tren desfilaban los vendedores ambulantes...

-Mirá que lindo sería ver caminando por estos vagones a esos organilleros con sus cajas musicales colgaditas del cuello. Antes había tantos...y muchos eran inmigrantes- dijo el abuelo con algo de nostalgia y agregó:
-¿te acordás de ese napolitano con bigotes espesos y barba crecida que llevaba entre dientes la pipa de barro?.
-¡La Cachimba! -
aclaró la abuela.
-Si, y que feliz se lo veía al aire libre recorriendo las calles, "volanteando" tangos. Estábamos los chicos en Plaza Irlanda y se lo podía escuchar desde tres o cuatro cuadras de distancia, desde la calle Pujol, con esas notas chillonas y desafinadas, refunfuñando entre baches y adoquines.

Contemplando a mis abuelos en ese viaje al pasado, recordé a Evaristo Carriego:

"Has vuelto organillo. En la acera
hay risas...”

-Cinco centavos por pieza y dejábamos de jugar a la pelota con tal de ver al lorito que de "yapa" sacaba del organito papelitos de la suerte -comentó el abuelo.
-A mi me gustaba más el que tenía un monito haciendo piruetas. En ese escuchamos polkas, valses y mazurcas -dijo la abuela.

-Don Angelo el organillero nos decía: "Se precisa questo a questo" y se golpeaba el pecho del lado del corazón, colocándose el dedo índice sobre la frente. Había que saber cuando apurar o retardar la manija para que una nota de la melodía se mantuviera en un sostenido de gran expresión. O parar y alargar el manubrio para que salga el corte en el Tango...tener oficio...tener oficio -dijo el abuelo.

Bernardo González Arrilli nos cuenta sobre un calesitero, que allá por los comienzos del siglo XX, maltrataba a un caballo para que iniciara su marcha y así hacer girar la calesita al compás de la música del organito. Como el caballito no lo lograba, ni tampoco paraba de andar cuando el organito se callaba, el calesitero le daba un golpe en la cabeza, en el frontal o en el hocico.
Los chicos del barrio advirtieron la brutalidad del amaestrador y comenzaron gritándole desde la vereda de enfrente, solidarizados con el pobre animal. Como esto no bastó, junto a sus mamás organizaron un boicot al calesitero. Decidieron no ir más a la calesita, provocando el asombro y el desconcierto del desalmado comerciante quien debió retirarse del barrio.

Pero un verdadero ejemplo de solidaridad era como se compraba un organito.
La familia Rinaldi, dueña de uno de los locales destinados a la fabricación, importación, reparación y afinación, facilitaba la compra de los organitos.
Se le daba prioridad a quienes tenían capacidades especiales. En general se entregaba el organito sin que se pague un centavo por adelantado y sin pagarés, le abrían una especie de "libreta de almacén". La persona trabajaba y a la mañana siguiente pasaba por la fábrica y entregaba a cuenta lo que podía. La señora Rinaldi se encargaba de anotar día a día los aportes y de esa forma, sin documentos y sin otra garantía más que la palabra, el organillero iba saldando su deuda, un verdadero compromiso de honor basado en la generosidad y magnífica predisposición de los fabricantes
.
El tren llegó a la estación de Flores. Bajé repleta de emociones, de la mano de mis abuelos. En el andén busqué a un organito. No lo encontré, pero ya había subido a mi vagón de cuentos en la estación de Moreno, donde mis abuelos habían canturreado a dúo el primer Tango que conocieron en su infancia gracias al organito, un volantero del Tango.

Graciela Pesce


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viernes, 25 de enero de 2008

Duendes Porteños

Se cuenta que desde el principio de los tiempos, los silfos habitaban los bosques cercanos al Rió Rhin en la Europa central. Ellos eran parte del "pueblo del aire", muy pequeños, juguetones, traviesos y con alas.

Las sílfides -compañeras de los silfos- eran muy femeninas y coquetas, con ojitos pícaros y grandes pestañas. Ellas lavaban la ropa con los rayitos más pequeños de la luna y preparaban el alimento para toda la comunidad de duendecitos. Comían frutos del bosque con miel y algo de leche acompañada por huevos de mariposas batidos a punto nieve.


En los ratos de ocio se hamacaban en las telas de araña o bailando al compás de sus alas que sonaban como verdaderas orquestas.

Estos duendecitos, se sentían importantes como intermediarios entre el cielo y la tierra
y muy orgullosos de ser alimento de la vida y el fuego.


Cuando el silencio llegaba a los bosques y la noche llena de estrellas visitaba el lugar, algunos caminantes, solo algunos, llegaban a penetrar en los secretos de la vida de los silfos.

Por cientos de años nada cambió en la vida de estos duendecitos... hasta que un día a siete silfos les picó un espiante aventurero, sintiendo ganas de conocer otras tierras y otros aires.
Así, volando llegaron a España, donde se establecieron cerca de 500 años en los bosques sin ser vistos, aunque haciendo de las suyas. Pero una tardecita nublada de 1534 en Sevilla, oyeron hablar sobre un nuevo mundo y de un largo viaje en barco hacia esa tierra llena de misterio y oro, según se decía.


Los silfos se entusiasmaron con la idea de conocer nuevos aires, nuevos juegos, travesuras y comiditas... y hasta tal vez un gran amor. Y para el Río de la Plata se vinieron.

Arriba en el palo mayor de cada embarcación había duendecitos sonrientes soplando incesantemente en la expedición de Don Pedro de Mendoza, aunque la historia nunca llegó a registrarlos. De esta manera estos silfos se atrevieron a abandonar una vida tranquila por el desafío de conquistar nuevos aires en el mundo.

Un día de febrero de l536 llegaron a estas tierras y al escuchar:

"¡Qué buenos aires son los de este suelo!"

Se sintieron orgullosos, aludidos por estas palabras. Porque el aire es también un camino por donde se trasporta la luz y la palabra. En un soplo llegaron a la llanura y decidieron ir hacia el norte, territorio de los indios guaraníes. Lo hicieron subiendo por el río Paraná.

Ya en territorio guaraní -como cuenta la leyenda-, encontraron a Yasi, la luna, que paseaba por el bosque con forma de mujer y su larga cabellera rubia. Esta diosa americana les dio la bienvenida y contó la siguiente historia:

"En los comienzos de los tiempos de estas tierras del sur, yo paseaba por los bosques junto a una nubecita amiga, Araí, traíamos las ganas grandes de proteger a los seres más pequeños. En un momento, un gruñido amenazador nos sorprendió. Era un yaguareté (tigre) que iba a lanzarse sobre nosotras, que al haber adquirido forma humana, habíamos perdido Poder Divino momentáneamente.
Cuando nos iba a atacar una lanza alcanzó a herirlo. Había sido un viejo
indio valiente quien lo enfrentó en feroz pelea y logró al fin matarlo. Mientras -continuaba la luna-, mi nube amiga y yo aprovechando el momento, tomamos las formas de luna y nube.
Al terminar la batalla, el viejo indio sintió ganas de descansar. Caía la
noche y se durmió junto al árbol. Cuando llegué a sus sueños con Araì, nos presentamos y le dije que había creado una planta nueva y noble como su corazón: Ca-à (Yerba) en agradecimiento por haber salvado a esas dos mujeres en la selva. Le indiqué también que debía tostarla porque era venenosa y como debería usar a esta benéfica y protectora planta".


Cuando terminó el relato, la misma luna les hizo probar el mate quienes lo incorporaron inmediatamente a su alimentación. Algunos lo tomaron amargo, otros lo prefirieron dulce, pero este símbolo de amistad que es la yerba mate lo fue también en el amor de sus hijos y nietos.

Y se cuenta que los silfos nacidos en Buenos Aires, a partir de l880, tangueros todos, cuando alguien abre un paquete de yerba por las mañanas frescas, se confunden en la fiesta de polvillo y aire con la alegría inmensa de quienes comparten mate y alimentan una comparsa eterna estacionada en el corazón.

Daniel Yarmolinski
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Gardel...también ataja


Nacho se desplomó pensativo sobre el sillón más cercano a la televisión. Quiso encenderla pero no vio el control remoto.

-¡Basta de esfuerzos por hoy!- se dijo.

Al fin y al cabo, el día había sido exigente con él.
Los párpados comenzaban a pesarle y las manos, cansadas de atrapar pelotas de gol, sólo llegaron a acariciar la copa de campeón. Antes de entregarse al sueño profundo, le pareció escuchar nuevamente el grito que lo había conmocionado después de su mejor atajada:

-¡Sos Gardel, pibe! Gardel...
Para Nacho, Gardel era el cantor de los discos de su abuelo y a quien conocía por fotos y hasta por un video que habían pasado en el colegio, quien sabe por que motivo. Cuando cerró los ojitos, los últimos Gardel...Gardel...Gardel...sonaron en su cabeza como un eco lejano que fue desapareciendo dulce y lentamente como un arruyo materno.
De pronto se encendieron las luces del estadio. En el centro de la cancha estaba Carlos Gardel.
Sentado en una silla, vestido de gala luciendo su "sonrisa invicta". Miles de personas lo vivaban.
Nacho estaba en la platea baja, no se sentía un extraño. Había caras conocidas y amigas. Todos se saludaban calurosamente en el medio de una lluvia de papelitos, mientras la tribuna popular palpitaba en "avalanchas de ternura"...

-¿Dónde estoy?- se preguntó.

Fue entonces cuando un hombre de extraña vestimenta respondió:

-Hijo...,estás en una reunión importantísima, invitado por quien te dijo:"¡Sos Gardel!". Estás en la "Asamblea Nacional de Corazones", donde nos ponemos de acuerdo todos los argentinos. Y yo, vengo a darte la bienvenida... e inmediatamente arrojó un puñado de papelitos celestes y blancos sobre la cabeza del gurrumín. Nacho quedó asombrado y timidamente preguntó...

-Gracias, ¿y vos quién sos?

-Soy el Secretario de esta Asamblea, un compatriota como vos, un indio machi que alguna vez le dijeron...

Nacho lo interrumpió... -¿un qué... decís?

-Soy un machi, un médico hechicero y consejero de las tribus araucanas que...

-¿y vos también atajabas?

-No, mi mérito fue otro. Te cuento que aquí estamos quienes nos destacamos como vos.



El estadio bullía cuando Nacho preguntó: -¿Cómo es eso?

-Amigo, "todos somos Gardel en algo o para alguien", cuando superamos las expectativas o sorprendemos dando un alegrón de aquellos...

-Claro, Gardel fue un gran cantante...

-Si, Gardel fue un gran cantor. Pero hizo también un culto de la amistad y porque fue un amigazo, es un ejemplo. Y también fue un perseverante trabajador y un creador. Un creador, que se atrevió a forjar nuevos caminos en el Tango, es decir en nuestra cultura. Y por todo el cariño que le tenemos los argentinos, hemos querido que sea él, quien vigile, guarde y vele nuestros sueños, logros e ilusiones más preciados...

-Ahora voy entendiendo- dijo Nacho muy atento

-Y desde los tiempos de nuestra emancipación -continuó el machi- se dijo, que lo aprobado por hombres y mujeres y por un consentimiento unánime, es virtuoso. Y en esta "Asamblea Nacional de Corazones" decidimos de común acuerdo que en su honor, el apellido Gardel sea también un adjetivo calificativo que define al Mejor. Gardel es el gran elogio argentino que testimonia el mérito...

En ese momento sintió el estadio explotar de alegría mientras una voz estridente gritaba ¡Goooool!.

Nacho salió por el vértice del sueño. Cuando abrió los ojos supo que la voz estridente era del relator de la radio de la pieza del hermano. Pronto descubrió que al lado suyo había un vaso con jugo, un pebete, el control de la tele y hasta una nota que cuidadosamente escrita, decía:

"Te amo, hijo".

Nacho hizo un gesto inconfundible de alegría y con su mano levantada y con todas las fuerzas que podían darle sus pulmones grito aquello de... -¡¡Sos Gardel, papáaa!! .




Daniel Yarmolinski